A partir de un elemental ejercicio de bricolaje en el que se mezcla una lamparita LED de 10 watts, una serie de lentes y pintura fotoluminiscente, se expande en el espacio una imagen reconocible en la física, representativa de la naturaleza dual de la luz. Para visibilizar este fenómeno de la dualidad onda partícula, la instalación se nutre del experimento de la Doble Rendija que es uno de los pilares del desarrollo de la mecánica cuántica.

La inmersión en esta representación espacial de la luz como fenómeno a su vez ondulatorio y corpuscular, busca afectar el cuerpo del espectador. Sus ojos se adaptan para observar las distancias e intensidades de pequeños puntos de luz que son producto de la interacción entre el espectador que acciona la lámpara y la pintura que responde al haz de luz. La fosforescencia de la pintura se genera luego de que sus electrones excitados emiten fotones al volver a su estado no excitado. Observar y dejarse afectar son factores importantes para una apuesta por generalizar la racionalidad científica, como aquella de artistas surrealistas cercanos a la física de principios del siglo XX.

A partir de una representación gráfica espacial del experimento de la Doble Rendija y de la fotoluminiscencia del aluminato de estroncio, se busca reseñar este fenómeno cuántico donde la luz o la materia pueden, a la vez, poseer propiedades de partícula y propiedades ondulatorias. Una interpretación estandarizada del experimento en la cuántica, señala que un electrón o un fotón que se “lanzan” y se “recogen” como una partícula, forman un patrón de interferencia característico de una onda.

Por su parte, en los fenómenos cuánticos la influencia del observador es ineludible, ya que una observación intermedia para determinar por cuál de las rendijas pasaron las partículas, cambia el resultado del experimento, en este caso, el patrón de interferencia. El paso de una superposición de estados a un estado definido se produce como consecuencia del proceso de observación, y no puede predecirse el estado final del sistema: solo la probabilidad de obtener cada resultado. De allí que en la a cuántica, la observación altera el resultado del experimento.

Aunque la observación en este ejercicio no afecta directamente el resultado visual de la interferencia, la instalación plantea desde una interactividad básica que tanto en la ciencia como en el arte, ya no somos meramente observadores de lo que medimos sino también actores. De repente, una ciencia dura como la física cuestiona el paradigma de la objetividad: ¿podemos conocer la realidad sin interferir en ella y sin que ella interfiera en nosotros?

Curaduría del Colectivo Reactante

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